He aquí uno de aquellos cuentos que nos contaba tía Águeda.
LA ASADURA DURA
~En una casa pobre vivían una madre y una hija, que pasaban hambre. Un día la madre dijo a la hija: «Mira, esta noche iremos al cementerio, desenterraremos a un muerto y cogeremos sus asaduras; así tendremos algo para comer». «¡Ay, madre, qué miedo!» «¿Es que prefieres morir de hambre, boba?» Total, que esa noche la madre y la hija, tiritando de miedo, fueron al cementerio, desenterraron a un muerto y cogieron sus asaduras. Y aquella noche madre e hija cenaron la asadura del muerto. Después se fueron a dormir, y ya estaban a punto de conciliar el sueño cuando...
¡toc! ¡toc!
–¿Quién es?
–Soy el ánima bendita
que vengo a buscar la asadura dura
que me han robado de mi sepultura.
–¡Ay, madre!, ¿quién será?
–Déjala, hija, que ya se irá.
–No me voy, no me voy,
que a la puerta de la casa estoy.
¡toc! ¡toc!
–¿Quién es?
–Soy el ánima bendita
que vengo a buscar la asadura dura
que me han robado de mi sepultura.
–¡Ay, madre, ¿quién será?
–Déjala hija, que ya se irá.
–No me voy, no me voy,
que ya entrando en la alcoba estoy.
¡toc! ¡toc!
–¿Quién es?
–Soy el ánima bendita
que vengo a buscar la asadura dura
que me han robado de mi sepultura.
–¡Ay, madre, ¿quién será?
–Déjala, hija, que ya se irá.
–No me voy, no me voy,
que a los pies de la cama estoy.
¡toc! ¡toc!
¿Quién es?
Soy el ánima bendita
que vengo a buscar la asadura dura
que me han robado de mi sepultura.
–¡Ay, madre!, ¿quién será?
–Déjala, hija, que ya se irá.
–No me voy, no me voy,
que en la cabecera de la cama estoy.
¡toc! ¡toc!
–¿Quién es?
–Soy el ánima bendita
que vengo a buscar la asadura dura
que me han robado de mi sepultura.
–¡Ay, madre, ¿quién será?
–Déjala hija, que ya se irá.
–No me voy, no me voy...
¡que agarrándote de los pelos estoy!
